El problema de España
Me he desviado de la que era mi intención, escribir en inglés, porque creo que literalmente nadie comprende el problema de España. Comprenderlo es un asunto del todo epistemológico.
(mi libro profundiza en estas ideas, sale en un par de meses)
Es constante, casi sistemático: todo el mundo en nuestro país centra las causas del problema de España en un grupo de personas que aparentemente carecen de los mismos valores que ellos y que, como consecuencia, son unos auténticos bandidos.
Por lo tanto para ellos la solución es que todos “escojan mejor” en las elecciones o “ponerle velas a los Santos para que de un modo casi mágico aparezcan mejores políticos”.
Como veremos, esto es, en mi opinión, no comprender el problema.Por supuesto que son unos bandidos, pero ¿es esa la causa del problema o la consecuencia?
¿Tiene sentido tener un sistema político que solo pueda funcionar cuando la población escoge bien en las elecciones? ¿No es mejor tener un sistema político en el que la hipótesis de partida sea: “lo van a hacer todo mal”?
Popper
Popper dice que nunca podemos estar seguros de estar en lo cierto, luego lo más sensato es aceptar nuestra falibilidad, esto es, que nos podemos equivocar y que de hecho es el estado natural de las cosas. Por lo tanto, progresar solo puede ocurrir cuando existe la capacidad de criticar lo que creamos que está mal así como la capacidad de corregir errores.
Esto, en un sistema democrático, se convierte en la libertad de expresión (crítica) y capacidad para echar malos líderes sin violencia o también la capacidad para parar malas iniciativas políticas sin violencia.
Parar malos líderes con violencia ha sido y sigue siendo la tónica dominante durante toda la historia:
Unos cuantos tienen una idea de como gobernar un territorio y otros cuantos otra. Entonces los primeros hacen campaña para convencer a los que haga falta como para ser más que los segundos. Gracias a las economías de escala de la violencia y dado que a lo largo de la historia la violencia ha sido el único mecanismo para resolver disputas, los que son más, terminan ganando (a tortas).
Ese es el resumen de cómo ha funcionado el mundo.
Durante la Grecia y Roma clásicas emergieron pequeñas ilustraciones desde el punto de vista filosófico y jurídico que dieron pie a épocas de gran progreso hasta que esas ideas fueron desplazadas por otras. Nunca antes en la historia, hasta la ilustración de hace unos 250 años, había surgido esa idea de la falibilidad, crítica y corrección de errores de una forma tan estable en el tiempo.
Si gracias a esa idea se niega la posibilidad de una autoridad central omnisciente, automáticamente surge la necesidad de que las grandes decisiones sean tomadas por consenso, esto es, de forma democrática.
Y si la asunción es que gobierne quién gobierne lo más probable es que lo hará mal, necesariamente el objetivo no debería ser darle poder con la esperanza de que no lo haga mal, sino al contrario, dado que lo hará muy probablemente mal, el poder que tenga debería ser mínimo.
(de ahí que el socialismo, fascismo y otros totalitarismos religiosos sean en realidad ideas medievales, pues en esencia lo que están diciendo es: “no somos falibles: nuestras ideas son tan buenas, que vamos a saltarnos esta tontería de las elecciones porque sí que existe un ente central capaz de saberlo todo”, pero ese es el contenido de otro post).
La gobernanza es en esencia un problema de gestión de la constante lucha de las ideas entre sí: las personas tenemos ideas diferentes y las disputas debemos resolverlas por medios no violentos. Necesitamos cooperar pero con ideas diferentes, con diferentes interpretaciones del mundo. Este es un problema extraordinariamente complejo.
La forma que hemos creado para hacerlo sin violencia son las instituciones: conjuntos de reglas y protocolos que hacen la cooperación voluntaria más rentable que la violencia. Embebemos lo que aprendemos que funciona en estas reglas a lo largo del tiempo para que las cosas funcionen.
El capitalismo es por este motivo para mí, la consecuencia de instituciones que hagan esa cooperación mucho más rentable y con ella, se produce la acumulación de capital. El capitalismo no dice: “lo sé todo” el capitalismo al contrario dice: “me voy a equivocar un huevo pero creo que con la correcta dosis de esfuerzo y tiempo, puedo llegar a acertar” porque todo aprendizaje es como dice Popper “por fuerza bruta”.
El dinero, la cultura, la policía, la justicia, las leyes son instituciones y desde hace unos siglos están enmarcadas en un marco muy particular, el Estado, en el que se diseñan esas instituciones con contrapoderes, para que nadie pueda corromperlas.
Sin embargo el diseño institucional no es una cuestión trivial: es enormemente complejo hacerlo bien y aunque lo hagas bien, nadie te garantiza que pueda funcionar bien un largo tiempo.
España
En España ha habido un problema adicional: cuando se diseñó el marco institucional actual con la Constitución de 1978, había una coyuntura muy particular. Tras la muerte de Franco el objetivo más urgente no era diseñar una Constitución estable a lo largo de siglos, sino que ambos bandos de la guerra civil, todavía reciente, no se peleasen.
Pero no hubo asamblea constituyente ni nada, solo representantes de ambos bandos que había que conseguir que la apoyasen lo antes posible. Luego para que la apoyasen, lo que se hizo fue una Constitución a medida de esos representantes, pero no de sus representados. Se les dio una protección bestial, un alejamiento total de las consecuencias de sus errores, un completo desalineamiento de incentivos entre representantes y representados.
Esto implica que para que un político Español sufra las consecuencias de ser un perfecto inútil, de hacerlo y decirlo todo mal hay una sola institución al otro lado preparada para ponerles límites: la justicia, el resto son del todo inoperantes.
Dado que las instituciones están diseñadas no para poner límites a su poder sino a protegerlo, solo la justicia les hace frente, pero a la justicia solo te la encuentras cuando haces cosas de bandido.
Y así llevamos casi 50 años: gobiernos con máximo poder para cometer errores y con máxima capacidad para corromper o intentar corromper todas las instituciones: dinero (con inflación aunque esta ya menos gracias a estar centralizado en Europa), cultura (se apropian de la idea de cultura para que solo lo pueda ser aquello que ellos puedan controlar), Guardia Civil (bastante menos éxito), medios de comunicación y educación (dada la importancia de manipular) y, si les dejásemos, la justicia también.
Unos piensan que deberían gobernar los que defienden una idea, y otros otra cuando la cuestión no debería ser esa, sino que de exactamente igual quién gobierne, que solo sea posible sacar iniciativas adelante cuando exista un consenso monumental. Todo lo demás se para. Esto es lo que ocurre por cierto, con países con una diversidad cultural bestial y sin embargo la mayor estabilidad institucional en el mundo, como Suiza.
¿Son todos nuestros gobernantes unos bandidos? Por supuesto, pero no es esa la cuestión sino, ¿cómo podría ser de otra forma? A qué tipo de gente crees que puedes atraer a trabajar a un entorno en el que nunca eres premiado por hacerlo bien y jamás castigado por hacerlo rematadamente mal?
No conozco a nadie capaz que pueda ser atraído a un entorno así, solo lo peor de cada casa puede acabar ahí. Alguien “empoderado” para hacer lo que quiera sin jamás encontrarse con las consecuencias de ser un inútil solo será parado cuando cruce los límites de la legalidad, que es el único momento en el que la única institución capaz de pararle los pies, la justicia, empieza a ponerse en marcha.
Luego la solución es cambiar el diseño institucional de arriba a abajo. Dado que ningún político tiene incentivo alguno a cambiar este sistema, no podemos esperar esta iniciativa por su parte.
Todas estas instituciones y marcos Estatales son necesarios porque cooperar es más rentable que no hacerlo y cooperar con éxito solo es posible con instituciones.
Pero las instituciones estatales son inoperativas y corruptas, luego la conclusión es que necesitamos instituciones paralelas, incorruptibles, neutrales y aquellas en las que la violencia no funcione. Con ellas, podemos limitar el poder gubernamental del mismo modo que lo podría hacer una prensa libre y entonces sí, con esos límites, es cuando podrían surgir los incentivos en los políticos para cambiar las cosas de raíz.
De eso y mucho más va mi libro.



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